Desventuras y aventuras de un zapatero cubano
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Desventuras y aventuras de un zapatero cubano

Esta es otra historia de un cubano, perteneciente al Apartado «Casos y cosas de cubanos». En esta ocasión te contamos las Desventuras y aventuras de un zapatero.

Desventuras de un zapatero

El zapatero tenía ganas de irse del país y mejorar su vida. Estaba cansado de que su rutina fuera solo eso, remendar zapatos. Ni siquiera podía fabricar unos nuevos, nunca tenían materiales.

Apenas supo que para Guyana no se necesitaba visado y oyó historias de gente que lo había hecho, tomó la decisión.

Por eso vendió todo lo que tenía de valor. Reunió sus ahorros y sumó algo más que le prestó un amigo. Sirvió para alzar el vuelo. No se despidió de nadie, ni de su madre ni de su flor, como le decía a su mujer. Pensó que las despedidas eran tristes.

¿Viaje sin retorno?

Eran tres conocidos del pueblo, decididos a dar el paso del viaje sin retorno. Apenas tuvieron todo listo viajaron a la Habana y volaron a Guyana, con escala obligada en Panamá.

Estuvieron solo una semana en Guyana, porque su plan era más ambicioso. La huída hasta Brasil era inmediata.

En guagua por la selva

Planificaron todo y vieron al negrito de contacto, como le decían. Era el guía perfecto para llegar a Brasil.

Cuando subieron a la guaguita, se percataron que no estaban solos, cuatro indios les acompañaban.

Al entrar al Amazonas, no sabían ni qué hacer, se miraban asustados. Dieciocho horas viajando por la selva amazónica, con el corazón a todo latido.

Fue un viaje incómodo, saltando casi todo el tiempo por malos caminos, a escondidas por los montes, era un viaje ilegal, sin comer mucho ni poder dormir con tanto salto.

Siempre con el miedo en el cuerpo de que los engañaran y morir todos en ni se sabe dónde. El zapatero fue consciente de lo que hacía cuando de madrugada el chofer detuvo la guaguita.

Pensó que ya los iban a degollar y a quitarles todos los dólares. Pero no, era para orinar, él también se bajó, pero más bien con ganas de defecar que de orinar, se le había revuelto el estómago al imaginarse degollado.

Al llegar a la misma frontera, subieron a una canoa y atravesaron el río Amazonas.

Llegar al lado brasileño fue un alivio, los estaban esperando y los acompañaron hasta una casucha donde tenían que estar escondidos y sin hablar. Fueron cinco largas horas, hasta que los buscó una guagua y los trasladó a un pueblo, donde se hospedaron en un Hotelucho una noche.

Al otro día después de una ansiosa espera, en la que pensaron mil cosas del guía, finalmente lo vieron llegar. Venía risueño y le brillaban los dientes de oro.

Con la misma sonrisa amarilla de oreja a oreja les compró el pasaje en guagua hasta Manao y se despidió.

El negrito era un hombre de palabra, por algo sus dientes brillaban tanto, pensó el zapatero.

Manaos

Solo había oído hablar de esta ciudad brasileña por casualidad, jamás pensó conocer el selvático estado del Amazonas y menos en estas circunstancias.

Pero la realidad a veces no se parece a los sueños, allí no encontraba trabajo. Se pasó varios días deambulando, había mucha crisis y poca faena.

Hasta que al cabo de dos meses, ya bastante decepcionado, tomó la decisión que nunca hubiera querido: regresar a Cuba. Era mejor volver con el rabo entre las piernas y no morirse en aquel lugar.

Averiguó cómo llamar a España, allá tenía a un amigo, que finalmente le giró el dinero necesario para el regreso.

Cuando desde la ventanilla del avión por fin vio la Habana, se sintió seguro. De ahí regresó al pueblo a retomar su rutina de remendar zapatos y para colmo, lleno de deudas.

Aventuras de un zapatero

Después de un año

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Pasó un año de decepción y bajón, no hay nada peor que se te rompan los planes.
Hasta que empezó a oír acá y acullá que la gente se iba para España…de nuevo su deseo de prosperar se le rehabilitó y no podía conciliar el sueño.

Cuando a un guajiro se le mete algo entre ceja y ceja…apártate…

Como quien no quiere las cosas se acercaba a personas que sabían del asunto, hasta tener la información necesaria.

Empezar a inventar para reunir dinero no era tarea fácil. Como ya no tenía nada que vender acudió a su flor, le llenó la mente de pájaros a la esposa para vender la casita e irse juntos.

Así se hizo, esta vez se despojó de la vivienda y de todos los enseres. Se lo jugaba todo.

Cierto papeleo y dos o tres viajes a la Habana fueron suficientes. Luego tocaba esperar. La suerte estaba echada, como dijo Julio César.

Finalmente las cosas salieron bien y volaron de turistas a Italia. A pesar del nerviosismo en la aduana, todo fue conveniente.

En Roma se sentía a su aire,el guajiro ya se estaba haciendo todo un viajero experimentado. Visitó con su mujer algunos lugares famosos, el Coliseo, la Fontana di Trevi, el Panteón de Agripa, decía que esta vez no iba a perder la oportunidad de conocer. También visitó el Foro Romano, para ver la tumba de Julio César, quien era su personaje favorito.

Si no hubiera sido por su flor que le puso freno, loca por irse ya para España, el guajiro se pasa varios días más de tumba en tumba y de bar en bar, saciando la sed que traía de Cuba.

Otra vez lleno de sueños, pero ahora con su complaciente flor al lado, cogió el vuelo a Madrid y en dos horas y medias ya estaban en tierra española hasta hoy.

Esta ha sido la historia de las Desventuras y aventuras de un zapatero. Esperamos que nos escribas un comentario o agregues alguna historia real que conozcas. Nos encantaría¡

Aquí te dejo el enlace a la tercera historia https://paracubanosimpacientes.com/su-primera-vez/

Un saludo de, Sara Milanés

Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Any

    Es verdad q cuando se nos mete algo emtre ceja y ceja no paramos los cubanos, al fin ha logrado salir de cuba y forjarse un futuro

    1. Sara Milanés
      Sara Milanés

      Hola Any, así somos los cubanos, jjj Gracias por leernos y comentar. Un abrazo¡

  2. El peque

    Tengo la dicha de Conocer a ese famoso zapatero y me se el aventurado camino que pasó con todos sus esfuerzos para añadir algo de positividad,la historia es real y muy emocionante a la ves,todos sus sacrificios dieron sus frutos,hoy goza de la madre patria en su trabajo y se divierte de ves en ves por algunos bares en la ciudad donde vive,espero verlo pronto para ver si me vende un poquito de pega para pegar unas chancletas que se me despegaron aquí en España,no obstante,le deceo mucha suerte en este atractivo país.

    1. Sara Milanés
      Sara Milanés

      Nosotros también le deseamos mucha suerte. Y a ti, gracias por comentar. Saludos.

  3. Sara Milanés
    Sara Milanés

    Y yo feliz de que disfrutes mis escritos. Me encantaría seguir nutriéndome de historias reales para recrearlas y hacerlas llegar a todos los cubanos que nos leen.
    Un abrazo¡

  4. Rosa

    Jejeje, emocionante el camino de este » zapatero ‘. Y me ha hecho recordar, reflexionar sobre ese lienzo que escribimos cada día, tejiendo sueños, y mejor aún haciéndolos realidad, con perseverancia. Y el valor de volver sobre tierra firme : tus orígenes e historia para remontar el vuelo, tanto más si lo haces acompañado, pues de eso va la aventura. Me ha encantado y te cuento un par de ellas por privado que quizás inspiren tu compartir. Gracias!! Un saludo

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