El del pasillo.
Imagen de Engin Akyurt en Pixabay

El del pasillo.

El del pasillo es la historia de Isabel, una cubana que empezó a trabajar como empleada de hogar en España. Pertenece al apartado «Casos y cosas de cubanos» del sitio web Para cubanos impacientes.

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La llegada

Él estaba al final del pasillo. Cuando Isabel entró por primera vez a la casa, le sorprendió su presencia, su color amarillento y su figura altiva. No dejaba de mirarlo.

Presentía que entre ambos iba a ocurrir algo. Era una de esas corazonadas que te llegan así sin saber por qué.

Empezó a trabajar en esa casa como empleada interna, realizaba los quehaceres del hogar y ayudaba un poco a la mujer con su marido.

Miguel era mucho mayor, se le dificultaba caminar. Ya tenía que usar bastón y también pañales cada noche, cosa que le avergonzaba ante una mujer desconocida y más joven. Sin embargo seguía siendo autoritario, agrio y un poco déspota.

Cuando sus hijos iban de visita se percataban de sus maneras y le llamaban la atención por su forma de tratar a Isabel y también a su madre.

Lo justificaban un poco ante la cubana. Le contaban los trabajos que pasó desde niño hasta lograr tener su propia fábrica.

Resignación

Isabel callaba, ella también había tenido mayores dificultades en su vida desde que nació. Era como una especie de flor a medio regar, que crecía por el esfuerzo propio y no por el agua que recibía. Sin embargo no trataba de esas malas formas a nadie.

La pobre señora recibía insultos por todo, tan solo sabía llorar.
Isabel era menos vulnerable, trataba de morderse la lengua y callar resignada ante cada regaño o reproche, porque necesitaba el trabajo para mandarle dinero cada mes a su familia de Cuba.

Había crisis en España y casi no salían trabajos. Siempre pensaba que mientras tuviera su salario mensual, lo demás no importaba, todo era soportable.

Como cenaban temprano, a las 9 de la noche ya Isabel tenía la cocina lista y veía normal sentarse a ver la televisión con ellos y así relajarse un poco.

Notaba algo raro en el ambiente, hasta que se percató que a Miguel le parecía muy mal que ella compartiera salón y televisión.

Para evitar males mayores, sin decir nada no volvió a ver la tele, se encerraba en su cuarto hasta el otro día.

El del pasillo

Pero ahí estaba el problema, que tampoco allí estaba bien, porque el del pasillo hacía algún tiempo la estaba molestando.

Empezó a sentirse mal, agobiada. Casi no podía dormir, porque cada cierto tiempo él la importunaba.

Al otro día se sentía cansada y sin ganas de nada.

Hasta que una madrugada al sentirlo, lo detuvo en seco. Fue la única manera que encontró para dormir tranquila.

Al servir el desayuno, notó las caras serias. Ella no dijo nada, se remitió a poner el café, la leche, las tostadas, el aceite de oliva y la mermelada.

Cuando iba a refugiarse en la cocina, Miguel la llamó.
Isabel imaginó que la iba a regañar por lo ocurrido y así fue.

-¿Por qué lo hizo?¿ Acaso yo la he autorizado?- fueron las preguntas que le espetó serio y con mala cara.

Su señora, solamente atinaba a bajar la cabeza apenada. Ella comprendía a Isabel y era muy buena persona. Pero no dijo nada.

-Es que no me deja dormir, señor- le respondió la cubana, que también se puso muy seria.

-Pues que no se repita. En esta casa mando yo.

Isabel se metió a la cocina sin emitir palabra, pero con ganas de decirle más de cuatro cosas. Tuvo que salir a la galería de la cocina a coger aire para calmarse, porque si no reventaba de la impotencia que sentía.

Pensó en sus hijos y desde esa noche tuvo que aprender a convivir con ambos: con Miguel y con el reloj de pie, dorado y altivo del final del pasillo.

Era un reloj de péndulo, omnipresente y preciso, que cada 15 malditos minutos sonaba estruendosamente al lado de su cuarto.

Deseamos que hayas disfrutado del relato El del pasillo. Esperamos tus comentarios abajo y puedes animarte a contarnos tus propias experiencias ya sean en Cuba o en el exterior.

Saludos, Sara Milanés.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Sara Milanés
    Sara Milanés

    Niuvis gracias por leernos y que te haya gustado este relato. Esas y más cosas tienen que aguantar las madres que están trabajando para sobre todo, ayudar a sus familiares en Cuba. Un abrazo¡

  2. Niuvis

    Felicidades Sarah. Muy lindo el relato. Me mantuvo motivada hasta el final, sencillo pero sustancioso!
    La historia de Isabel nos toca de cerca a todos los que de alguna manera hemos tenido que ganarnos el pan trabajando de empleadas de hogar…
    Se encuentran personas de todo tipo y porque pagan se sienten en pleno derecho de exigir y mandar sin considerar a la persona que le está sirviendo.

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