Miedo en el cuerpo
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Miedo en el cuerpo

Miedo en el cuerpo es la historia de una joven cubana con deseos de mejorar su vida y la de su familia. Este es otro relato de la Sección «Casos y cosas de cubanos». Te invito a dejar un comentario al final o contarnos cualquier anécdota interesante.

¿Qué vas a leer aquí?

En el aeropuerto

Se despidió de su familia emocionada pero sin una lágrima. Su niño la ocupaba todo el tiempo.

Al cruzar de la zona de inspección de aduanas hacia adentro y el corazón bombeando a toda velocidad, volteó la cabeza para ver la imagen de su madre y de su hermana a lo lejos, con las caras mojadas por las lágrimas.

Las separaciones familiares son muy duras. Temía verlas por última vez, por eso prefería centrarse en su hijo y obviar lo que estaba ocurriendo.

Subieron al avión rumbo a Italia los tres. Ella, su marido y su niño ocupaban asientos juntos.

Trató de darle el biberón con leche y que durmiera el mayor tiempo posible. Pero ella no lograba conciliar el sueño, todavía temblaba y traía el miedo en el cuerpo.

Se le notaba seria y pensativa, su cabeza estaba al explotar, por eso decidió poner una película para relajarse.

En Roma

Llegaron a Roma y el miedo, esa emoción tan molesta, se adueñaba nuevamente de ella y la ponía en alerta.

Temía que les hicieran muchas preguntas y «meter la pata», por eso acordaron que ante cualquier cuestionamiento respondería su marido que dominaba algo del idioma italiano. Así lo hicieron.

Después que él explicó al funcionario que venían por varios días de turismo y le enseñó todos los documentos personales y del hotel donde se alojarían, salieron afuera con sus maletas lo más rápido posible a tomar aire y un taxi.

Ella respiró aliviada.

Para otra persona del mundo todo lo ocurrido podía ser normal, formaba parte de la rutina de cualquier viaje. Pero para un cubano que sale por vez primera de su tierra, constituyen minutos de tortura.

Los cubanos piensan que son el centro de atención. Que los miran a ellos, que las preguntas son solo para ellos, como si por obra y gracia de quien sabe quién, supieran cada uno de sus pensamientos y de los pasos ya estudiados que van a dar.

Eso lo genera el miedo en el cuerpo, tal y como le estaba pasando a ella. Por eso prefería que su cerebro reptiliano, configurado para ponerla a salvo ante posibles peligros no la protegiera tanto…

Llegaron al hotel y se acomodaron enseguida. Su mayor deseo era que el tiempo pasara rápido para llegar a puerto seguro como tenían planificado. Sentía que llevaba inoculado el pánico en el cuerpo, tan difícil de sacar.

Pidieron servicio de habitación, luego de averiguar cuál era la forma de obtener el agua caliente del grifo de la ducha y cómo se encendía la calefacción.

Hacía frío. Un cubano, acabado de salir del horno como un pan, siente frío con cualquier brisa.

Después de comer y atender al niño, se acostaron los tres junticos, bien abrazaditos se sentían mejor, unidos, seguros. Llevaban juntos 12 años, de alegrías y tristezas, habían formado una bonita familia.

Madrugaron y en taxi se fueron al aeropuerto, vieron muy poco de la ciudad romana, solo pudieron percatarse de que los choferes van a su aire, como si no los rigiera ninguna ley de tránsito urbano.

Por seguridad y miedo a perder el vuelo a Barcelona llegaron demasiado pronto. Tuvieron que esperar largo tiempo en la sala de espera, jugando un poco con el niño para distraerlo y a la vez distraerse ella que estaba tan nerviosa.

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En Barcelona

Este trayecto fue corto, al bajar del avión el recelo que no la abandonaba, volvió a tomar el control.

Ella no tenía el temple de su marido que era más estoico.

Esperaba que alguien en cualquier momento la detuviera, por haber salido de Cuba, por alejarse de su familia, por dejar al perro al cuidado de otro, por cualquier cosa.

Se sentía mala persona, traidora, sucia… recogió la maletica de la cinta y le dio la mano al niño. Aparentaba una serenidad que no tenía.

Al salir, allí estaba la suegra con su esposo esperándolos. Caras risueñas al verlos cruzar la puerta automática. Esa puerta que ya les abría la entrada al futuro, a un mundo quizás no mejor, pero sí diferente.

Fueron a comer y a celebrar a casa de unos amigos cubanos, tan espléndidos y atentos. No faltó el congrís, ni el cerdo asado ni las cervezas. Tampoco las risas y conversaciones en voz alta de los cubanos siempre ruidosos y sobresalientes.

Ella estaba muy agradecida, pero andaba atontada, todos decían que eso era por el jet lag, es decir por la descompensación horaria al viajar a largas distancias. Ella sabía que su reloj interno no tenía nada que ver.

Solo faltaba una hora para llegar a la ciudad donde iban a residir.

Cuando el coche paró en una gasolinera y entraron a la cafetería a tomar café e ir a los aseos, ella reaccionó y fue consciente de lo que había hecho. Ya estaba en otro país y su isla quedó bien lejos. Se estremeció.

Entonces no pudo soportarlo. Se metió sola en el baño y lloró todo lo que pudo, sus lágrimas la inundaban, gritó, chilló alto, desahogó un poco su desconsuelo.

Y ella, que no era creyente, le pidió a Dios que guiara sus pasos y que le sacara el miedo del cuerpo.

Deseando que te haya gustado el relato, te dejamos el enlace del siguiente https://paracubanosimpacientes.com/no-sabia-que-habia-segundo/

Un abrazo a todos,

Sara Milanés.

Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Any

    Se me han salido las lágrimas no es fácil cuando ya t das cuenta q estas muy lejos de tu familia y el proceso de adaptacion es muy duro y gracias a dios no ha tenido q dejar a tras ni a su hijo ni a su marido q ya eso t conforta en los mometos difíciles

  2. Glenelg

    Bonita historia, creo que tantos cambios juntos llegan a tormentar, a dar miedo, inseguridad, en fin es un tránsito que puede tomar tiempo algunos más que otros. Pero bueno siempre hay que adaptarse pienso yo, y mirar lo positivo del cambio y como mejorar para que cada dia las circunstancias sean óptimas.

    1. Sara Milanés
      Sara Milanés

      Gracias por tus palabras. Lo importante es que las historias publicadas pongan a pensar a la gente y que cada uno llegue a sus propias conclusiones, tal como lo has hecho tú. Un abrazo¡

  3. Ana

    Muy bonita historia,la realidad de muchos cubanos.

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