No sabía que había segundo.
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No sabía que había segundo.

Esta es otra historia de la Sección «Casos y cosas de cubanos». Aquí va el caso de la cubana que No sabía que había segundo. Puedes hacer comentarios al final, estaremos encantados.

¿Qué vas a leer aquí?

Recién llegada

Ana y sus dos hijas acababan de llegar de Cuba, por fin estaban juntos los cuatro.

Era una trigueña de ojos negros y hermosos. Muy prudente y jovial.
Con su marido y sus dos hijas en España la vida empezaba a sonreírle, después de tantos años separados.

Todavía se sentía ansiosa con su llegada a un país distinto.

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Decía que había que irse acostumbrando a todo, a ver una cantidad exagerada de carros circulando y aparcados a ambos lados de la calle. Al frío invierno, a usar abrigos, botas y bufandas. A tener tanta comida, caprichos y facilidades que en tu tierra no se tienen.

Aunque había pescados y mariscos de todo tipo, ella que venía de una isla desconocía muchos. Se daba cuenta que aquí no le faltaba de nada. Por ello se daba el lujo de comprar bastante comida y sonreía cuando veía el frigorífico bien abastecido.

Sin embargo Ana continuaba haciendo comida al estilo cubano, arroz con carne, con pollo, potajes, congrís, huevos fritos, viandas, cerdo asado… Estaba convencida de que las costumbres de la tierra no se podían perder.

Su pasión

Desde pequeña le gustaba mucho el chocolate, por su agradable sabor. En Cuba rara vez podía deleitarse con el exquisito producto, por su escasez o por su elevado precio.

Por eso se quedó pasmada al ver tantas tabletas de chocolate en los mercados españoles y a precios asequibles.

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Ella y sus niñas se deleitaban a gusto. Se sentaban las tres cubanitas en el sofá a comer chocolate. No importaba el color ni el tipo, podía ser negro, blanco, con frutos secos, con frutas, en tabletas o bombones.

Como era su pasión, compraba con frecuencia. Mientras masticaba el chocolate cerraba los ojos. Las hijas le preguntaban por qué lo hacía y Ana respondía que de esa forma disfrutaba el placer que le producía en el cerebro.

Si cualquier día por casualidad Ana llegaba a la casa y al mirar al estante de la cocina no veía ninguna tableta, empezaba a reclamarle a sus hijas.

La cena

Unos amigos de su marido, invitaron a la familia a cenar.

Ella pensó enseguida en ponerse el vestido azul que trajo de su tierra. Aunque era invierno, sabía le quedaba muy bonito.

-Con un abrigo arriba no pasaré frío y podré lucir figura cuando me lo quite, si según dicen, acá en casi todas las casas hay calefacción- pensó Ana.

Cuál fue su asombro al tratar de ponerse el vestido azul. No se lo podía creer, el vestido no entraba en su cuerpo a solo unos cuantos días de haber llegado.

Su marido al oirla quejarse le dijo:

-Solo es tu culpa por comer tanto. Tu apetito está desmedido.
-Buaff- refunfuñó ella
-Y por si no te has dado cuenta, has engordado- enfatizó él.

Ella con cara apagada, buscó otra ropa más holgada y salieron todos para casa de los amigos.

Eran peruanos, gente buena y humilde. Hermanos de religión.
Conversaron de algunas costumbres, de sus lugares de origen, de planes futuros, mientras todos los niños jugaban contentos.

Cuando sirvieron la mesa y colocaron la comida, a Ana se le iban los ojos…

Le pareció exquisita, huevos rellenos, algunas tapas sabrosas y sopa.

Como ya no tenía control, le metió mano a todos los huevos que pudo.
Su marido la miraba muy serio y le hacía señas para recordarle lo gorda que estaba.

Pero Ana enfrascada en los huevos con atún, ni cuenta se daba. Al terminar se sentía harta. Tomó una copa de vino y se dio por satisfecha.

Sabía que de la pareja peruana solo trabajaba la mujer. Eran tiempos difíciles, sobre todo para los hombres…por eso quizás, habían hecho solo huevos y sopa- Así pensaba Ana.

Cuál fue su sorpresa al ver entrar a la anfitriona que se había levantado, venía de la cocina con otra bandeja llena de pescados horneados y patatas panaderas. El olor llenaba todo el salón-comedor.

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Ana se quedó boquiabierta ante su ignorancia, al saber que aquello era el SEGUNDO PLATO. Los huevos habían sido solo el entrante.

El marido le explicó luego que el primer plato es la parte más ligera de la comida o la cena española, consistente en una ensalada o una sopa. Mientras que el SEGUNDO PLATO suele ser carne o pescado y luego se sirve el postre. Pero como ella seguía a lo cubano, no se daba por enterada…

Ana, ahora repleta como se sentía, estaba rabiosa porque no podía degustar del pescado. Se lamentaba y solo se la oía decir en voz baja:

-Yo no sabía que había segundo.

Hasta aquí las cosas de Ana. Saludos y gracias por leernos. Si te animas a leer la próxima historia, pincha aquí https://paracubanosimpacientes.com/el-del-pasillo/

Sara Milanés.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Sara Milanés
    Sara Milanés

    Así es, todos los inmigrantes tenemos historias y novatadas. Gracias por leer nuestro blog y siempre manifestar tu opinión. Saludos

  2. Niurvis

    Me gustó la historia.. Es muy importante saber la cultura de cada país en todas las esferas . El cambio es grande de venir de un sitio donde la escasez toma protagonismo en casi todo al llegar a la abundancia es normal que pasen estas cosas.

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