Tercera dimensión
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Tercera dimensión

Tercera dimensión es otra historia de emigrados a España, en este caso de dos cubanas y una de sus vivencias en el país ibérico. La historia pertenece a la sección «Casos y cosas de cubanos» del sitio web «Para cubanos impacientes».

La China

Llegó a España con muchas ganas y planes por cumplir.

Había terminado sus estudios en Cuba y después de un tiempo ejerciendo decidió irse a vivir con su madre, quien se lo proponía con frecuencia.

Había rechazado la oferta, porque en su tierra se sentía muy a gusto.
Vivía en pleno Vedado con todas las comodidades y al amparo de su querida abuela, quien desde que nació se desvivía por esa chinita linda y cariñosa a la que complacía en todo.

La China. como le decían cariñosamente por sus ojos rasgados, estaba enamorada de un joven cubano, razón que la apegaba más a su isla.
Pero cuando todo se fue a bolinas en el amor y la tristeza empezaba a consumirla, llamó a su madre y le dijo que se iba a España.

Todo fue fácil, porque desde hacía un tiempo poseía la nacionalidad española. La madre eufórica le compró el billete y al recibirla trataba de opacar la tristeza de su China.

Aunque estaban centrados buscándole trabajo, en las tardes ella y su marido la invitaban a cenar, a jugar a los bolos, a pasear por los sitios que no conocía de Madrid…

En el cine de tercera dimensión

Hasta que un día la invitaron a ir al cine a ver una película en tercera dimensión.

La China que poco a poco trataba de olvidar al cubano, se entusiasmó con la idea. La verdad, reconocía nunca haber visto una película que utilizara esa tecnología de filmación, de proyección con visión tridimensional humana real. Por eso estaba muy interesada.

Todos salieron juntos desde el atardecer, el sol estaba radiante en Madrid. Pidieron unas tapas en un bar, unas cervecitas frías, caminaron un poco por el centro y luego para el cine madrileño.

El marido de su madre, español al fin, prefirió ver otra película en otra sala de las tantas que hay.

_Cada uno con sus gustos, dijo. Por lo que se separaron.

Madre e hija sí entraron juntas a la misma sala preparada para 3D, para ver a Sandra Bullok en «Gravity «.

Pero antes compraron Coca cola y palomitas para amenizar la velada. También adquirieron las dos gafas polarizadas que venden en estos casos para ver las pelis en tercera dimensión. Ambas estaban contentas y su hija super emocionada.

Las gafas pasivas, que suelen ser modelos desechables de poco peso y que oscurecen la imagen eran el tema de conversación. También hablaron de lo baratas que costaron, solo un euro.

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La madre argumentó lo imprescindibles que son esas gafas para ver las pelis y como luego que las pagas te las puedes quedar y reutilizarlas la próxima vez que vayas a ver una peli en 3D.

Entraron a una sala grande e imponente, toda limpia y olorosa. Se acomodaron juntas en sendas butacas rojas y empezaron a comer palomitas sin parar, como si no hubiera un mañana.

Se apagaron las luces. Empezaron a poner anuncios. El audio impecable. Todo el público mirando la pantalla gigante y la mayoría masticando sin parar…

Al fin la cuenta atrás: 4, 3, 2, 1 y empezó el rodaje de la peli.
Es entonces cuando la China recolocándose las gafas le dice a su madre:

-Mami, pero yo no veo esto en tercera dimensión …
-China, ponte bien las gafas en 3D que son para ver estas películas, por algo las compramos, no?
-Pero mami, si las tengo puestas y no se ve bien, todo se ve borroso
-A ver, déjame probármelas, porque yo con las mías veo de lo más bien.

Se prueba la madre las gafas de su hija y nada, comprueba que todo se ve muy mal.

Mientras tanto Sandra Bullock estaba ya bien metida en su papel de doctora Ryan Stone como ingeniera médica en su primera misión espacial…

-Creo que vamos a salir a quejarnos con la chica de afuera que las vendió. No es posible que vendan algo que no sirve- dijo resuelta y medio enfadada la madre .
_Pues vamos afuera a dar las quejas- confirmó la hija.

Salieron al pasillo y ya se dirigían con caras largas y paso rápido a la zona de ventas.

De pronto la madre da una ojeada a su hija. La ve alta, elegante. Continúa su paso y reflexionando vuelve a mirar a su hija. De pronto le dice parándose en seco y señalando con el dedo índice a su cabeza:

-Pero si traes puestas las gafas de sooooollll

Es entonces cuando dan paso a las carcajadas, percatándose de que la China se ponía para ver la peli en tercera dimensión las gafas de sol que había traído toda la tarde. Las de 3 D las tenía guardadas en el bolso¡

Las dos cubanas, sin parar de reír dieron media vuelta, agradeciendo no haber llegado a dar las quejas y hacer el ridículo frente a las chicas españolas.

Apenas lograron contener sus risas, que les costó bastante, se metieron en la amplia sala cuando ya el veterano comandante Matt Kowalsky daba la caminata espacial de rutina sin saber aún que quedarían atrapados en el espacio.

Hasta aquí el relato «Tercera dimensión«, son casos y cosas de cubanos.

Saludos y esperamos dejes algún comentario abajo.

Sara Milanés.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Ra

    Como bien dice la seccion, son cosas que le pasan a los cubanos, aunque un despiste lo tiene cualquiera. jejeje

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